Monólogos en verde

[Foi a profesora Francisca a que recolleu os textos a e a que introduce a entrada; en breve publicará neste blog directamente :)]
DESTINTÁNDOSE
La
mayoría de las personas que utilizan bolígrafos en su día a día
lo hacen siempre con los mismos colores, sabiendo que hay muchísimos
más que pueden utilizar. Digo esto yo, el que está gastando su
preciosa y escasa tinta, solo para que un incomprendido como tú
pueda entender por lo que estoy pasando.
Me ponen muy nervioso las personas
que sólo utilizan los bolígrafos de color azul, negro y rojo. ¿No
saben que hay más en este planeta? No
sé si os estáis dando cuenta, pero aprieto más porque estoy muy
nervioso y enfadado. ¡HASTA ESTOY SEGURO DE QUE HE COMETIDO ALGUNA
FALTA! ¿O NO?
Mario González
3ºA ESO
MEMORIAS DE UN BOLÍGRAFO VERDE

Yo
soy distinto al resto, doy alegría, color y luminosidad pero la
gente desgraciadamente no lo sabe apreciar. Mis compañeros, el resto
de bolígrafos, me dicen que sólo sirvo para poner la fecha o
corregir los fallos que comete la gente. Todo esto se debe a los
profesores, esas personas que son admiradores del azul y del negro
-por no hablar del rojo- y que vetan a los estudiantes escribir
conmigo.
Como
ves, tengo bastantes motivos para estar triste, desanimado. Pero nada
de esto me hace perder la ilusión y mi orgullo de ser como soy,
especial.
Natalia
Pérez, 3º A ESO
LA
FELICIDAD DE SER VERDE

Mi
color simboliza todo lo bueno y estoy muy orgulloso de ello. Una
persona siempre es más feliz con los semáforos en verde, con la
hierba verde y comiendo en verde. Con mi color uno se siente más
ecológico.
No
me imagino una vida más feliz.
Mariña Neira 3º A ESO
MI
VIDA, MI TINTA
Me
pasé la vida encerrado en aquel estuche de diversos colores,
observando cómo cogían, gastaban, herían y devolvían a mis
compañeros. Yo era el único que sobrevivía en aquella masacre y,
hoy, el único que llega a vivir para contarlo. Siempre pensé que me
encantaría vivir esa guerra, ver cómo te hieren, saber qué se
siente cuando te utilizan.
Y me llegó ese día.
El humano posó sus dedos sobre mí y empezó a escribir palabras
conmigo. Y la verdad es que no era tan terrible como pensaba, pero
sentía que me iba muriendo lentamente, que se me iba acabando mi
tinta. Pasaron días y no me volvió a utilizar nunca más. Llegué a
pensar que me odiaba y que tal vez no escribía como el humano
quería, tal vez no le era de su agrado.
¿Hice algo mal? No
lo sabía, pues nunca más pude sentir sus dedos. Permanecía en ese
estuche durante décadas, continuaba con vida, veía cómo las
generaciones del rojo, azul y negro pasaban. Yo les vi nacer, madurar
y morir y quería tener mi generación, quería volver a ser querido
de nuevo. Solo deseaba que me amaran, daba igual mi color, forma o
punta.
Realmente soy como
todos los demás, no merezco ser discriminado por ser diferente. ¿O
es que no todos somos iguales?
Paula
Grangel, 3º A ESO
Que viva o verde !!!
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